Juan Manuel Grijalvo. Amanuense y amigo.

Grijalvo

Un bilbaino en Ibiza; así es cómo describiría geográficamente a Juan Manuel Grijalvo y quizá sea ésta la única manera que se me ocurre de describirlo puesto que soy incapaz de hacerlo de otra forma. Todo lo demás en él, hay que descubrirlo. Detrás de esa mirada soñadora y entusiasta existe todo un personaje del que me apetece hablaros.

Mi relación con Juan Manuel Grijalvo comenzó en el año 13 en un intercambio de correos en los que inicialmente hablábamos del amor que compartimos por Las Palmas de Gran Canaria y poco después de nuestras dos pasiones comunes, los barcos y los trenes. En aquel entonces me encontraba inmerso en la divulgación de mi trabajo en El ilustrador de barcos y Juan me ayudó muchísimo a darme a conocer y también en la tarea de tejer una correspondencia con la comunidad histórico-marítima de este país. Gracias a él, hoy puedo contar con una amplia lista de colaboradores e investigadores que me ayudan en mi trabajo artístico y también editorial.

Grijalvo (que es así como le llamamos todos), es ante todo y por encima de todo, un amigo. Han sido numerosas las veces en las que me ha acompañado en mis presentaciones editoriales, movilizado siempre  por su afán de colaborar y ayudar. Divulgador compulsivo de mi obra y gran consejero en esta complicada profesión de editor.

Además es un impulsor de ideas, y un experto en movilidad. Esto último con especial énfasis en el mundo del ferrocarril. En la correspondencia y las horas de conversación que hemos mantenido siempre, se desprende la imagen de un hombre sabio, estudioso y concienzudo. Es pormenorizado, detallista y de una humildad ejemplar.

Por esta razón y por muchas otras más, Juan Manuel Grijalvo es mi “lector de guardia” en los proyectos editoriales de Plimsoll Ediciones Náuticas. Al fin y al cabo, él forma parte de este sello desde sus inicios. Eso le otorga la libertad para opinar, aconsejar y sugerir ideas en todos los proyectos que llegan hasta nosotros.

Su trabajo de corrección y análisis es simplemente perfecto. Por si fuera poco, su multilingüismo facilita muchísimo la interpretación y traducción de textos en otros idiomas y los adapta notablemente al castellano, independientemente de la edad y procedencia del escrito.

Además de todo lo dicho, es un amante de los gatos, de la buena mesa y viajero atemporal.

En Plimsoll Ediciones Náuticas estamos muy contentos de que Juan Manuel Grijalvo forme parte de nuestro equipo de trabajo y como responsable del proyecto, quiero agradecerle a través de este escueto post su labor hecha, siempre de manera desinteresada.

Muchas gracias Juan

Libro EL NAUFRAGIO DEL NAVÍO SVERIGE. Trabajos de recuperación y conflicto diplomático 1738-1764

 

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Ya van quedando pocos ejemplares de la segunda tirada del libro de Alejandro Gandul Hervás, EL NAUFRAGIO DEL NAVÍO SVERIGE. TRABAJOS DE RECUPERACIÓN Y CONFLICTO DIPLOMÁTICO 1738-1764.

Aquí os paso una relación de librerías online donde podéis adquirirlo.

Gijón: Librería Náutica San Esteban

La Coruña: Librería Cartamar

Málaga: Librerías Proteo

Madrid: Librería Náutica Robinson

El Ferrol: Central Librera

El universo SVERIGE os espera….

 

 

Librería Náutica Izaro: escala en Bilbao.

Ilustración promo

El amor que se profesa a los barcos es profundamente distinto del que los hombres sienten por cualquier otra obra salida de sus manos- del amor que, por ejemplo, tienen a sus casas-, porque no está manchado por el orgullo de la posesión.
Joseph Conrad. El espejo del mar, 1906.

Las librerías, mientras más pequeñas, mejor. Esta es la conclusión que uno debe sacar si se visita la ciudad portuaria de Bilbao y entramos en la Librería Náutica Izaro, situada en el 21 de la Alameda Doctor Areilza. Apenas unos metros de comercio bastan para traer los barcos hasta el mismo centro de la ciudad. Y es que, a falta de vapores atracados en Abando, Uribitarte y la Ripa, la Librería Náutica Izaro nos aporta a través de sus libros, cartas náuticas, regalos o arte naval, todo lo que el aficionado al mar y los barcos necesita. Desde la ría, vale la pena subir hasta este enclave maravilloso en el que nos atenderá un afable y siempre servicial Manuel Villanueva, marino y capitán de la librería. Su pequeño escaparate ya nos atrapa. Es como una especie de baúl de marino en el que puedes encontrar novedades literarias, libros técnicos, regalos náuticos, o retratos navales pintados en acuarela.

Pero además de librería, en Izaro puedes aprender a navegar y convertirte en Patrón o Capitán de Yate, ya que disponen de academia y de flota propia para realizar las prácticas. Incluso también es posible realizar una excursión marítima con amigos o familia, en uno de sus barcos.

Nuestra relación con la Librería Náutica Izaro comienza en 2014, a través de las pinturas y retratos navales del Ilustrador de barcos. Después vinieron las publicaciones de libros de nuestro sello editorial y los calendarios. Hoy día seguimos manteniendo la misma ilusión del primer día, y esperamos continuar en futuros proyectos con mucho salitre.

Sea cual fuere tu afición a los barcos y el mar, si estás en Bilbao, te recomiendo hacer una visita a este sitio tan entrañable.

Carteles de navieras: Aquellas otras maneras de viajar.

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El cartel publicitario o affiche en francés, siempre fue considerado un elemento vivo en el que el ilustrador integraba un mensaje concreto a través de un dibujo que evocara aquello que se quería anunciar.  Desde sus inicios en 1800 los carteles siempre fueron usados para fines informativos, y en su evolución el arte ganó terreno convirtiéndolos en verdaderas piezas de coleccionismo. Desde Chéret hasta Tolouse-Lautrec, Pierre Bonard o más contemporáneos como el español Fernández  Zarza “Jano”.

De todos los carteles y sus diferentes variantes, estaban los comerciales de todo tipo, cinematográficos, belicistas, deportivos, taurinos, políticos, musicales y como no, los carteles de viajes. Aunque en un primer momento los viajes solo se hacían por mar, más tarde aparecieron los ferrocarriles y los aviones diversificando aún más las diferentes variantes de esta temática.

Plimsoll Ediciones Náuticas revive el cartelismo de las navieras de antaño con una serie de inéditas láminas de compañías marítimas, mayormente españolas, realizadas por Roberto Hernández (El ilustrador de barcos) y en varios formatos de tamaño. La influencia de los grandes cartelistas marítimos como Roger Chapelet, Albert Brenet, o Kenneth Shoesmith se refleja en el trabajo de Hernández devolviéndonos a otros tiempos no tan lejanos, en aquellas otras maneras de viajar.

Como ya sabéis el catálogo se va actualizando periódicamente. Si no encuentras tu naviera nos escribes al mail: plimsoll.editorial@outlook.com

Chimeneas y contraseñas: Vapores Costeros, la unión hace la fuerza.

Vapores Costeros reducidaLa historia de esta naviera se remonta al año 1922, fecha en la que es constituida gracias a la unión de varios armadores que aportan sus buques para crear una de las sociedades más importantes del cabotaje español. Los armadores que formaron parte de este pool naviero fueron Francisco García, Antonio González Vega, Antonio López de Haro y Monasterio y Cía. Los barcos aportados cambiarían sus nombres, pasando a llamarse con los nombres propios de los familiares de los socios. Costeros míticos como el MARÍA SANTIUSTE, PRUDENCIA, CONCHITA, TOÑÍN, CARMEN o AMADA entre otros, navegaron bajo la contraseña tricolor e hicieron palpable aquel refrán tan conocido de la unión hace la fuerza. El motivo principal no era otra cosa, que ser más competitivos y abarcar de una manera más amplia los tráficos propios del cantábrico y sus puertos, por pequeños que fueran. Con una red de carreteras prácticamente inexistente y un ferrocarril en desarrollo, estos vaporcitos conectaron de manera eficaz toda la cornisa cantábrica, con los puertos del sur de Galicia, Portugal y la Francia Atlántica. Al igual que ocurría con los pailebotes y motoveleros en el Mediterráneo, estos costeros fueron las mulas de carga del norte, y gracias a ellos muchas poblaciones costeras en las que apenas existía un cargadero decente, pudieron estar conectadas con el exterior. A veces eran cargas completas y otras veces pequeñas partidas. Lo más parecido al grupaje en la logística de hoy día. Cargas que en algunos casos apenas llenarían un contenedor actual, pero que en aquellos tiempos eran importantes para los pequeños empresarios y comerciantes que necesitaban transportar sus materias primas o productos a las grandes urbes. Conservas de pescado gallegas para Burdeos, vino de Oporto para Santander, carbón de las cuencas asturianas para Bilbao, y un largo etcétera de fletes diversos.

La vida a bordo no se puede decir que fuera mucho mejor que en la pesca. El espacio de habitabilidad para la tripulación era también reducido y los temporales convertían a estos barquitos en indefensos juguetes con los que se ensañaban sobre todo cuando la costa apenas era visible y los embarrancamientos se producían con regularidad. Sin duda la navegación en el cantábrico con mal tiempo, era cosa de valientes.

La Sociedad Anónima Vapores Costeros cesó sus actividades en 1978 después de haber pasado por toda clase de vicisitudes, guerras, y crisis económicas, dejando un bonito legado naviero que como editorial tendremos en cuenta para un merecido libro, algún día.

Fuente consultada: Libro La Marina Cántabra. Rafael González Echegaray.

Albuferencs: navegación a vela en la Albufera de Valencia.

No copies esto …el paisaje no podía ser más levantino. En aquellos años de principios del siglo pasado, las nubes algodonosas corrían el cielo de Valencia igual que en la actualidad, con un viento del mar que impulsaba a los albuferencs a todo trapo a lo largo y ancho de la Albufera. Como mulas de carga silenciosas, surcaban las aguas someras cargadas de matas de arroz que traían desde el sur del lago hacia los puertos del Tremolar y Catarroja, donde las trilladoras esperaban para separar la paja del grano. Eran barcas alargadas, de quilla plana, que podían perfectamente cargar  hasta 9.000 kilos de mercaderías, y que transitaban por el lago creando un tráfico interior que hoy solo se recuerda en vagas fotografías y escritos.

Las velas latinas henchidas por el viento del plá de Valencia eran como pañuelos blancos que, en contraste con el azul del cielo y los tonos verdosos del agua mostraban en términos de navegación a vela,  su lado más elegante.

Si el viento caía, se propulsaba a la percha y por turnos. En algunos casos al caer la noche, la navegación se realizaba tomando referencias por la claror de l´aigua con la luna o en muchos casos, por el faro del puerto de Valencia, que no solo orientaba a los barcos mar afuera, sino a toda la navegación interior.

A veces, el silencio de la  vela se veía interrumpido por el sonido indiscutible de la barca-correo RAVATXOL, que unía los puertos del Palmar y Catarroja, llevando a bordo la correspondencia de los pueblos del sur y el pasaje que iba o venía de la capital. Su musical motor Bolinder-Munktell llenaba los espacios de calma mientras las azarosas barcas, barquetots o barcots se abrían paso gracias a la navegación antigua. En el Portet interior del Perelló también se esperaba al correo de Valencia, los medicamentos de las boticarias, las noticias y los encargos que los habitantes del lago hacían a los barqueros.

Recuerdos románticos quizá, de otra navegación más sostenible.