Carteles de navieras: Aquellas otras maneras de viajar.

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El cartel publicitario o affiche en francés, siempre fue considerado un elemento vivo en el que el ilustrador integraba un mensaje concreto a través de un dibujo que evocara aquello que se quería anunciar.  Desde sus inicios en 1800 los carteles siempre fueron usados para fines informativos, y en su evolución el arte ganó terreno convirtiéndolos en verdaderas piezas de coleccionismo. Desde Chéret hasta Tolouse-Lautrec, Pierre Bonard o más contemporáneos como el español Fernández  Zarza “Jano”.

De todos los carteles y sus diferentes variantes, estaban los comerciales de todo tipo, cinematográficos, belicistas, deportivos, taurinos, políticos, musicales y como no, los carteles de viajes. Aunque en un primer momento los viajes solo se hacían por mar, más tarde aparecieron los ferrocarriles y los aviones diversificando aún más las diferentes variantes de esta temática.

Plimsoll Ediciones Náuticas revive el cartelismo de las navieras de antaño con una serie de inéditas láminas de compañías marítimas, mayormente españolas, realizadas por Roberto Hernández (El ilustrador de barcos) y en varios formatos de tamaño. La influencia de los grandes cartelistas marítimos como Roger Chapelet, Albert Brenet, o Kenneth Shoesmith se refleja en el trabajo de Hernández devolviéndonos a otros tiempos no tan lejanos, en aquellas otras maneras de viajar.

Como ya sabéis el catálogo se va actualizando periódicamente. Si no encuentras tu naviera nos escribes al mail: plimsoll.editorial@outlook.com

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Novedades 2018: Una singladura que no te puedes perder.

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Queridas amigas y amigos, el año ya navega mar abierto y en Plimsoll Ediciones Náuticas queremos hablaros de las novedades editoriales que saldrán a la venta a partir del próximo mes de febrero.

En la sección de calendarios, por tercera vez consecutiva se ha lanzado la serie BUQUES MERCANTES ESPAÑOLES y como novedad hemos creado otro titulado PESQUEROS ESPAÑOLES. La acogida de esta última colección ha sido muy buena y esto nos anima a pensar en la próxima edición para 2019.

En el apartado  de láminas y pósters que paulatinamente se van incorporando a nuestra galería, deciros que trabajamos sobre tres líneas creativas. La primera, son las réplicas de carteles antiguos de navieras, basándonos en los datos que recabamos gracias a los colaboradores de la editorial. Le siguen los perfiles coloreados de barcos, para los que contamos con la información técnica suficiente para dibujar nuevos planos y ofreceros otro elemento decorativo muy interesante y de gran valor. La tercera línea creativa se basa en láminas sobre los faros y señales marítimas situados por toda la geografía costera de España. Poco a poco vamos creando un catálogo que irá completando todas las zonas marítimas existentes y que próximamente podréis  visualizar en un nuevo apartado que habilitaremos en el menú.

Las ediciones de libros son varias en un año cargado de temas interesantes. Como hemos dicho al principio de este post, ya tenemos editado un trabajo exhaustivo sobre la historia de un barco muy peculiar que naufragó en nuestras costas y que merece ser recordado para que no quede en el olvido. Le seguirá un monográfico en formato apaisado  sobre una naviera española muy importante que marcó un antes y un después en la especialización de nuevos tráficos mercantes.

Para todos estos proyectos, El ilustrador de barcos realizará una serie de dibujos y pinturas inéditas, que junto a la pluma de excelentes investigadores y escritores especializados en temas marítimos, nos traerán más barcos, más navegaciones y más historia marítima.

Sigue nuestras novedades y disfruta de la travesía.

Chimeneas y contraseñas: Vapores Costeros, la unión hace la fuerza.

Vapores Costeros reducidaLa historia de esta naviera cántabra se remonta al año 1922, fecha en la que es constituida gracias a la unión de varios armadores que aportan sus buques para crear una de las sociedades más importantes del cabotaje español. Los armadores que formaron parte de este pool naviero fueron Francisco García, Antonio González Vega, Antonio López de Haro y Monasterio y Cía. Los barcos aportados cambiarían sus nombres, pasando a llamarse con los nombres propios de los familiares de los socios. Costeros míticos como el MARÍA SANTIUSTE, PRUDENCIA, CONCHITA, TOÑÍN, CARMEN o AMADA entre otros, navegaron bajo la contraseña tricolor e hicieron palpable aquel refrán tan conocido de la unión hace la fuerza. El motivo principal no era otra cosa, que ser más competitivos y abarcar de una manera más amplia los tráficos propios del cantábrico y sus puertos, por pequeños que fueran. Con una red de carreteras prácticamente inexistente y un ferrocarril en desarrollo, estos vaporcitos conectaron de manera eficaz toda la cornisa cantábrica, con los puertos del sur de Galicia, Portugal y la Francia Atlántica. Al igual que ocurría con los pailebotes y motoveleros en el Mediterráneo, estos costeros fueron las mulas de carga del norte, y gracias a ellos muchas poblaciones costeras en las que apenas existía un cargadero decente, pudieron estar conectadas con el exterior. A veces eran cargas completas y otras veces pequeñas partidas. Lo más parecido al grupaje en la logística de hoy día. Cargas que en algunos casos apenas llenarían un contenedor actual, pero que en aquellos tiempos eran importantes para los pequeños empresarios y comerciantes que necesitaban transportar sus materias primas o productos a las grandes urbes. Conservas de pescado gallegas para Burdeos, vino de Oporto para Santander, carbón de las cuencas asturianas para Bilbao, y un largo etcétera de fletes diversos.

La vida a bordo no se puede decir que fuera mucho mejor que en la pesca. El espacio de habitabilidad para la tripulación era también reducido y los temporales convertían a estos barquitos en indefensos juguetes con los que se ensañaban sobre todo cuando la costa apenas era visible y los embarrancamientos se producían con regularidad. Sin duda la navegación en el cantábrico con mal tiempo, era cosa de valientes.

La Sociedad Anónima Vapores Costeros de Santander cesó sus actividades en 1978 después de haber pasado por toda clase de vicisitudes, guerras, y crisis económicas, dejando un bonito legado naviero que como editorial tendremos en cuenta para un merecido libro, algún día.

Fuente consultada: Libro La Marina Cántabra. Rafael González Echegaray.

Albuferencs: navegación a vela en la Albufera de Valencia.

No copies esto …el paisaje no podía ser más levantino. En aquellos años de principios del siglo pasado, las nubes algodonosas corrían el cielo de Valencia igual que en la actualidad, con un viento del mar que impulsaba a los albuferencs a todo trapo a lo largo y ancho de la Albufera. Como mulas de carga silenciosas, surcaban las aguas someras cargadas de matas de arroz que traían desde el sur del lago hacia los puertos del Tremolar y Catarroja, donde las trilladoras esperaban para separar la paja del grano. Eran barcas alargadas, de quilla plana, que podían perfectamente cargar  hasta 9.000 kilos de mercaderías, y que transitaban por el lago creando un tráfico interior que hoy solo se recuerda en vagas fotografías y escritos.

Las velas latinas henchidas por el viento del plá de Valencia eran como pañuelos blancos que, en contraste con el azul del cielo y los tonos verdosos del agua mostraban en términos de navegación a vela,  su lado más elegante.

Si el viento caía, se propulsaba a la percha y por turnos. En algunos casos al caer la noche, la navegación se realizaba tomando referencias por la claror de l´aigua con la luna o en muchos casos, por el faro del puerto de Valencia, que no solo orientaba a los barcos mar afuera, sino a toda la navegación interior.

A veces, el silencio de la  vela se veía interrumpido por el sonido indiscutible de la barca-correo RAVATXOL, que unía los puertos del Palmar y Catarroja, llevando a bordo la correspondencia de los pueblos del sur y el pasaje que iba o venía de la capital. Su musical motor Bolinder-Munktell llenaba los espacios de calma mientras las azarosas barcas, barquetots o barcots se abrían paso gracias a la navegación antigua. En el Portet interior del Perelló también se esperaba al correo de Valencia, los medicamentos de las boticarias, las noticias y los encargos que los habitantes del lago hacían a los barqueros.

Recuerdos románticos quizá, de otra navegación más sostenible.

Otras navegaciones: Cabotaje.

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…con todo el papeleo en regla, se decidió zarpar a primera hora de la mañana para pasar la zona de pesca del cabo de Cullera con la luz del día. Días atrás un pesquero tuvo un percance con otro mercante que salía de puerto rumbo SE y el capitán no quería empezar la guardia con tensiones. El consignatario descendió por la “plancha” al muelle, a la vez que el práctico embarcaba por el costado de la mar. Al poco rato largamos todo y embocamos hacia la entrada del puerto, donde ya hacía su entrada el “canguro” de la Trasmediterránea que venía de Palma. Nuestro pequeño costero avanzaba surcando las tranquilas aguas del puerto de Valencia que despertaba luminoso y radiante. En la bodega, un completo de cemento ensacado para Ibiza perfectamente estibado viajaría con nosotros. Una vez descargados allí navegaríamos en lastre hasta Torrevieja para cargar sal y llevarla a Vigo. Y desde allí escalaríamos en Vilagarcía, y Coruña para después pasar al cantábrico según la preferencia de viaje del armador.

_El barco es suyo_, dijo el práctico al capitán justo a un cable de distancia de las puntas. Acompañé al práctico hasta la escala y con un saludo al aire, el bote se alejó puerto adentro. Volví hacia el puente para anotar el desembarque en el diario y ya por delante, el mar de Blasco Ibáñez se dejaba cortar por nuestra proa, mientras empezaba otra jornada de cabotaje…

 

Librería Náutica Robinson: un puerto de recalada en Madrid.

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Entrar en el número 6 de la calle Santo Tomé de Madrid en una mañana cualquiera, es como entrar en un espacio de tiempo poco acorde con el bullicio de una gran ciudad de interior. Basta con andar por el tranquilo barrio y descubres  una especie de línea de costa que te lleva desde Recoletos hasta ese puerto repleto de libros con salitre.  El escaparate ya seduce  en una calle discreta y poco transitada.

La librería náutica Robinson es un lugar con solera. No fuimos pocos los alumnos de náutica o entusiastas del mar, que en antaño, compramos un libro allí. En aquel entonces la dirección era otra. Tan solo había que girar la calle. Y aunque los tiempos han cambiado, Robinson sigue al pié del cañón con una tripulación renovada.

El proyecto de Juan Melgar y sus “marineros” de a bordo, es en sí, una épica en el mundo de los libreros al por menor. Esta es una época en la que este tipo de negocios se ven amenazados continuamente por las macro-librerías y los formatos digitales. Maneras despiadadas a veces, del todo vale al precio que sea. Los libros náuticos no son solo libros. Tienen una vida interior propia, diferente al resto. En ellos descubres otro tiempo en el que el mar lo era todo. Los barcos son el motivo de todos esas obras. La razón, quizá, por la que existen. Mundos escritos y descritos de grandes veleros, con sus hazañas y gestas. Bellos vapores, majestuosos trasatlánticos repletos de viajeros llenos de sueños e ilusiones por una vida mejor. Navegaciones para recordar, y otras aún por hacer.

Por momentos, uno se encuentra atrapado por esos ejemplares que no te dejan marchar. _ ¡¡Los compraría todos!!_ escuché decir alguna vez en voz baja.

La tripulación de Juan Melgar está siempre presta en cubierta para cualquier duda que puedas tener. No estás solo en la elección. Y a menudo se agradece un buen consejo. El trato es afable y profesional. Te sientes “atendido”.

Todo lo que se ve es mar y barcos. La decoración lo corrobora. Incluso a veces en la imaginación podríamos cerrar los ojos y esperar a que la sirena de un barco suene. Además, puedes encontrar pintura marinista o retratos de barcos a precios asequibles. Porque además de librería, Robinson también es un punto de encuentro de escritores, artistas y amigos de la mar.

Tanto si eres entusiasta de la historia marítima, marino profesional, estudiante o navegante, puedes encontrar lo que buscas. La oferta es muy completa. Desde una carta náutica, a novelas del género, libros infantiles, ediciones profesionales de estiba, trincaje de la carga, mercancías peligrosas, derecho marítimo, etc. Difícil salir de allí sin un libro bajo el brazo.

Nuestra relación editorial con Robinson, empezó hace unos cuatro años. Desde entonces, hemos compartido muchos proyectos interesantes que hemos sabido gobernar con viento favorable y trabajo en equipo. Como decía Pablo Picasso, “un discurrir de ideas nos ha llevado hasta aquí”.

En este post de hoy, hemos querido compartir esta coordenada con vosotros para todos los que visitáis Madrid y os gusta el mar.

Recomiendo ir por la mañana. La tranquilidad del local embelesa. Sin duda, un estupendo puerto de recalada.

Librería Náutica Robinson  C/ Santo Tomé, 6  28004 MADRID

 

Chimeneas y contraseñas: Pinillos, una naviera legendaria.

Pinillos reducidaMiguel Martínez de Pinillos y Sáenz de Velasco, un riojano oriundo de tierra de Cameros (allá por donde el río Iregua busca su camino hacia el Ebro), mantenía en 1835 actividades mercantiles en la bulliciosa y comercial ciudad de Cádiz, desde donde inicia sus negocios navieros en 1840 con una brickbarca llamada CASTILLA. Poco después adquiere las fragatas APOLO y MINERVA y a partir de ese momento la historia de los Martínez de Pinillos como navieros, pasa a escribirse con mayúscula. A finales del siglo XIX, y con los primeros veleros más que amortizados, los relevos generacionales se suceden e inician la compra de los primeros vapores con los que consolidan líneas regulares hacia América. Más tarde llegan los trasatlánticos mixtos de carga y pasaje, reforzando su presencia en los puertos del Golfo de Méjico, y Caribe. Y a primeros del siglo XX inauguran servicios a Sudamérica. Los negocios navieros pasan por diversos accionariados y nombres societarios, y los buques de Pinillos son ya conocidos en los puertos americanos y de lejano oriente. Espléndidos barcos como el CATALINA, el CONDE WIFREDO, PIO IX, MANILA, CÁDIZ, BARCELONA, o los PRÍNCIPE DE ASTURIAS y VALBANERA, con trágicos finales para ambos.

Pasadas ciertas vicisitudes financieras, la primera guerra y la crisis mundial, los Pinillos se reinventan y crean la naviera Líneas Pinillos en 1923, con la que fijan sus intereses en los tráficos fruteros con Canarias. Es la era de las primeras motonaves SIL, EBRO, TURIA o DARRO.

En 1940 se crea la Cía. Marítima Frutera, con la que consolidan su negocio en el cabotaje Península-Canarias, y gracias al programa de construcciones navales de Elcano, la flota aumenta con las motonaves SEGRE, ESLA, TAJO, GENIL, o JÚCAR. Ya en los años 70 el sistema de transporte por contenedor se abre paso. Esta idea novedosa importada gracias a los Pereda de Santander a través de la alianza Odiel-Sealand, obliga a los Pinillos a modernizarse. Con ello empieza la fase de contenerización en los tráficos de cabotaje a las islas.

Líneas Pinillos adapta algunos de los buques fruteros que tiene en flota y los convierte en porta-contenedores puros. Adquiere de manera directa o a través de sociedades otras unidades como el JALÓN o GUADALQUIVIR. La especial influencia que los cargadores canarios ejercían en la planificación de la naviera, hace que los Pinillos pongan especial empeño en mantener los tráficos fruteros con la península adaptando las bodegas de sus barcos con un sistema de ventilación novedoso. La aparición del contenedor isotermo con sistema de refrigeración “conair”, proporciona a la compañía una solución logística para el transporte de cargas perecederas  entre los -26° y +16°. Corren ya los años 80 y la naviera sortea como puede las crisis navieras y financieras de la época. Además, la aparición de los buques ro-ro como nuevo sistema de carga y transporte que camina paralelo al contenedor amenazan la hegemonía de las navieras de cabotaje tradicionales. A través de nuevos accionariados que insuflan aire a la gerencia, se construye en Holanda el que sería el último porta-contenedores puro bajo la contraseña gaditana, el CARMEN DOLORES H. , que junto al FRANCOLÍ, serían los últimos buques comprados antes de ser vendida al Grupo Boluda.

Con este consorcio de empresas valenciano finaliza así la trayectoria de la que es posiblemente la naviera más antigua de España.

Fuente consultada: Naviera Pinillos en Buques.org