Un nuevo libro mercante navega ya…

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Nos alegramos de anunciar la edición del libro HISTORIA DE LA NAVIERA MARÍTIMA DEL NORTE, 1957-2008, del escritor Manuel Rodríguez Aguilar que ya ha salido a la venta y se comienza a distribuir por todas las librerías náuticas. Siempre es una alegría la edición de un libro, pero para nosotros muy especialmente por ser un “libro mercante”.

De nuevo el autor, tal como nos tiene acostumbrados, nos deleita con esta nueva entrega dedicada a una de las navieras españolas más importantes de nuestro tiempo . La excelente redacción y su meticulosa manera de manejar los datos técnicos y cronológicos es sobresaliente, además de recoger diversos testimonios personales de algunos marinos que navegaron en esta compañía así como personal de la gerencia. El libro cuenta con una selección de fotos de toda la flota de Marítima del Norte y sus compañías asociadas, y por supuesto, de una serie de ilustraciones y dibujos realizados por Roberto Hernández, el Ilustrador de barcos.

Puedes hacer tu reserva aquí:

Libro HISTORIA DE LA NAVIERA MARÍTIMA DEL NORTE, 1957-2008.

Que lo disfrutéis!!

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Carteles de navieras: Aquellas otras maneras de viajar.

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El cartel publicitario o affiche en francés, siempre fue considerado un elemento vivo en el que el ilustrador integraba un mensaje concreto a través de un dibujo que evocara aquello que se quería anunciar.  Desde sus inicios en 1800 los carteles siempre fueron usados para fines informativos, y en su evolución el arte ganó terreno convirtiéndolos en verdaderas piezas de coleccionismo. Desde Chéret hasta Tolouse-Lautrec, Pierre Bonard o más contemporáneos como el español Fernández  Zarza “Jano”.

De todos los carteles y sus diferentes variantes, estaban los comerciales de todo tipo, cinematográficos, belicistas, deportivos, taurinos, políticos, musicales y como no, los carteles de viajes. Aunque en un primer momento los viajes solo se hacían por mar, más tarde aparecieron los ferrocarriles y los aviones diversificando aún más las diferentes variantes de esta temática.

Plimsoll Ediciones Náuticas revive el cartelismo de las navieras de antaño con una serie de inéditas láminas de compañías marítimas, mayormente españolas, realizadas por Roberto Hernández (El ilustrador de barcos) y en varios formatos de tamaño. La influencia de los grandes cartelistas marítimos como Roger Chapelet, Albert Brenet, o Kenneth Shoesmith se refleja en el trabajo de Hernández devolviéndonos a otros tiempos no tan lejanos, en aquellas otras maneras de viajar.

Como ya sabéis el catálogo se va actualizando periódicamente. Si no encuentras tu naviera nos escribes al mail: plimsoll.editorial@outlook.com

Chimeneas y contraseñas: Vapores Costeros, la unión hace la fuerza.

Vapores Costeros reducidaLa historia de esta naviera se remonta al año 1922, fecha en la que es constituida gracias a la unión de varios armadores que aportan sus buques para crear una de las sociedades más importantes del cabotaje español. Los armadores que formaron parte de este pool naviero fueron Francisco García, Antonio González Vega, Antonio López de Haro y Monasterio y Cía. Los barcos aportados cambiarían sus nombres, pasando a llamarse con los nombres propios de los familiares de los socios. Costeros míticos como el MARÍA SANTIUSTE, PRUDENCIA, CONCHITA, TOÑÍN, CARMEN o AMADA entre otros, navegaron bajo la contraseña tricolor e hicieron palpable aquel refrán tan conocido de la unión hace la fuerza. El motivo principal no era otra cosa, que ser más competitivos y abarcar de una manera más amplia los tráficos propios del cantábrico y sus puertos, por pequeños que fueran. Con una red de carreteras prácticamente inexistente y un ferrocarril en desarrollo, estos vaporcitos conectaron de manera eficaz toda la cornisa cantábrica, con los puertos del sur de Galicia, Portugal y la Francia Atlántica. Al igual que ocurría con los pailebotes y motoveleros en el Mediterráneo, estos costeros fueron las mulas de carga del norte, y gracias a ellos muchas poblaciones costeras en las que apenas existía un cargadero decente, pudieron estar conectadas con el exterior. A veces eran cargas completas y otras veces pequeñas partidas. Lo más parecido al grupaje en la logística de hoy día. Cargas que en algunos casos apenas llenarían un contenedor actual, pero que en aquellos tiempos eran importantes para los pequeños empresarios y comerciantes que necesitaban transportar sus materias primas o productos a las grandes urbes. Conservas de pescado gallegas para Burdeos, vino de Oporto para Santander, carbón de las cuencas asturianas para Bilbao, y un largo etcétera de fletes diversos.

La vida a bordo no se puede decir que fuera mucho mejor que en la pesca. El espacio de habitabilidad para la tripulación era también reducido y los temporales convertían a estos barquitos en indefensos juguetes con los que se ensañaban sobre todo cuando la costa apenas era visible y los embarrancamientos se producían con regularidad. Sin duda la navegación en el cantábrico con mal tiempo, era cosa de valientes.

La Sociedad Anónima Vapores Costeros cesó sus actividades en 1978 después de haber pasado por toda clase de vicisitudes, guerras, y crisis económicas, dejando un bonito legado naviero que como editorial tendremos en cuenta para un merecido libro, algún día.

Fuente consultada: Libro La Marina Cántabra. Rafael González Echegaray.

Albuferencs: navegación a vela en la Albufera de Valencia.

No copies esto …el paisaje no podía ser más levantino. En aquellos años de principios del siglo pasado, las nubes algodonosas corrían el cielo de Valencia igual que en la actualidad, con un viento del mar que impulsaba a los albuferencs a todo trapo a lo largo y ancho de la Albufera. Como mulas de carga silenciosas, surcaban las aguas someras cargadas de matas de arroz que traían desde el sur del lago hacia los puertos del Tremolar y Catarroja, donde las trilladoras esperaban para separar la paja del grano. Eran barcas alargadas, de quilla plana, que podían perfectamente cargar  hasta 9.000 kilos de mercaderías, y que transitaban por el lago creando un tráfico interior que hoy solo se recuerda en vagas fotografías y escritos.

Las velas latinas henchidas por el viento del plá de Valencia eran como pañuelos blancos que, en contraste con el azul del cielo y los tonos verdosos del agua mostraban en términos de navegación a vela,  su lado más elegante.

Si el viento caía, se propulsaba a la percha y por turnos. En algunos casos al caer la noche, la navegación se realizaba tomando referencias por la claror de l´aigua con la luna o en muchos casos, por el faro del puerto de Valencia, que no solo orientaba a los barcos mar afuera, sino a toda la navegación interior.

A veces, el silencio de la  vela se veía interrumpido por el sonido indiscutible de la barca-correo RAVATXOL, que unía los puertos del Palmar y Catarroja, llevando a bordo la correspondencia de los pueblos del sur y el pasaje que iba o venía de la capital. Su musical motor Bolinder-Munktell llenaba los espacios de calma mientras las azarosas barcas, barquetots o barcots se abrían paso gracias a la navegación antigua. En el Portet interior del Perelló también se esperaba al correo de Valencia, los medicamentos de las boticarias, las noticias y los encargos que los habitantes del lago hacían a los barqueros.

Recuerdos románticos quizá, de otra navegación más sostenible.

Otras navegaciones: Cabotaje.

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…con todo el papeleo en regla, se decidió zarpar a primera hora de la mañana para pasar la zona de pesca del cabo de Cullera con la luz del día. Días atrás un pesquero tuvo un percance con otro mercante que salía de puerto rumbo SE y el capitán no quería empezar la guardia con tensiones. El consignatario descendió por la “plancha” al muelle, a la vez que el práctico embarcaba por el costado de la mar. Al poco rato largamos todo y embocamos hacia la entrada del puerto, donde ya hacía su entrada el “canguro” de la Trasmediterránea que venía de Palma. Nuestro pequeño costero avanzaba surcando las tranquilas aguas del puerto de Valencia que despertaba luminoso y radiante. En la bodega, un completo de cemento ensacado para Ibiza perfectamente estibado viajaría con nosotros. Una vez descargados allí navegaríamos en lastre hasta Torrevieja para cargar sal y llevarla a Vigo. Y desde allí escalaríamos en Vilagarcía, y Coruña para después pasar al cantábrico según la preferencia de viaje del armador.

_El barco es suyo_, dijo el práctico al capitán justo a un cable de distancia de las puntas. Acompañé al práctico hasta la escala y con un saludo al aire, el bote se alejó puerto adentro. Volví hacia el puente para anotar el desembarque en el diario y ya por delante, el mar de Blasco Ibáñez se dejaba cortar por nuestra proa, mientras empezaba otra jornada de cabotaje…

 

Librería Náutica Robinson: un puerto de recalada en Madrid.

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Entrar en el número 6 de la calle Santo Tomé de Madrid en una mañana cualquiera, es como entrar en un espacio de tiempo poco acorde con el bullicio de una gran ciudad de interior. Basta con andar por el tranquilo barrio y descubres  una especie de línea de costa que te lleva desde Recoletos hasta ese puerto repleto de libros con salitre.  El escaparate ya seduce  en una calle discreta y poco transitada.

La librería náutica Robinson es un lugar con solera. No fuimos pocos los alumnos de náutica o entusiastas del mar, que en antaño, compramos un libro allí. En aquel entonces la dirección era otra. Tan solo había que girar la calle. Y aunque los tiempos han cambiado, Robinson sigue al pié del cañón con una tripulación renovada.

El proyecto de Juan Melgar y sus “marineros” de a bordo, es en sí, una épica en el mundo de los libreros al por menor. Esta es una época en la que este tipo de negocios se ven amenazados continuamente por las macro-librerías y los formatos digitales. Maneras despiadadas a veces, del todo vale al precio que sea. Los libros náuticos no son solo libros. Tienen una vida interior propia, diferente al resto. En ellos descubres otro tiempo en el que el mar lo era todo. Los barcos son el motivo de todos esas obras. La razón, quizá, por la que existen. Mundos escritos y descritos de grandes veleros, con sus hazañas y gestas. Bellos vapores, majestuosos trasatlánticos repletos de viajeros llenos de sueños e ilusiones por una vida mejor. Navegaciones para recordar, y otras aún por hacer.

Por momentos, uno se encuentra atrapado por esos ejemplares que no te dejan marchar. _ ¡¡Los compraría todos!!_ escuché decir alguna vez en voz baja.

La tripulación de Juan Melgar está siempre presta en cubierta para cualquier duda que puedas tener. No estás solo en la elección. Y a menudo se agradece un buen consejo. El trato es afable y profesional. Te sientes “atendido”.

Todo lo que se ve es mar y barcos. La decoración lo corrobora. Incluso a veces en la imaginación podríamos cerrar los ojos y esperar a que la sirena de un barco suene. Además, puedes encontrar pintura marinista o retratos de barcos a precios asequibles. Porque además de librería, Robinson también es un punto de encuentro de escritores, artistas y amigos de la mar.

Tanto si eres entusiasta de la historia marítima, marino profesional, estudiante o navegante, puedes encontrar lo que buscas. La oferta es muy completa. Desde una carta náutica, a novelas del género, libros infantiles, ediciones profesionales de estiba, trincaje de la carga, mercancías peligrosas, derecho marítimo, etc. Difícil salir de allí sin un libro bajo el brazo.

Nuestra relación editorial con Robinson, empezó hace unos cuatro años. Desde entonces, hemos compartido muchos proyectos interesantes que hemos sabido gobernar con viento favorable y trabajo en equipo. Como decía Pablo Picasso, “un discurrir de ideas nos ha llevado hasta aquí”.

En este post de hoy, hemos querido compartir esta coordenada con vosotros para todos los que visitáis Madrid y os gusta el mar.

Recomiendo ir por la mañana. La tranquilidad del local embelesa. Sin duda, un estupendo puerto de recalada.

Librería Náutica Robinson  C/ Santo Tomé, 6  28004 MADRID